Poesía de entresemana

Un buen choro siempre queda suave

18 marzo 2006

Poenalga 18 | Pablo Boullosa

Besaré sobre todo tus nalgas

Cuando el amor acabe

y el otoño se estrelle en los cristales

y tu recuerdo vuele como un pájaro

y tu cuerpo despierte en otra cama

y tus nalgas se pierdan de mi verga

yo seguiré pensándolas

Cuando el amor acabe

y escribirte no sea más que un capricho

y pronunciar tu nombre

hablar inútilmente

y mis versos apesten

a finales de siglo

yo seguiré pensándolas

Cuando el amor acabe

— suponiendo que acabe —

y el suicidio no sea descabellado

y tu rostro se pierda en mi memoria

y tus nalgas estén fijas en ella

y adorarlas no sea más que un suicidio

yo seguiré pensándolas

Cuando el amor acabe

y en los muros no cuelguen tus retratos

y este libro lo olvide todo México

y el planeta se pudra en la ignominia

y en la calle los hombres

parezcan ignorarlas

yo seguiré pensándolas

Yo seguiré pensándolas

sin que importen la envidia ni los celos

ni el desdén ni el coraje

ni las enfermedades ni las guerras

Cuando el amor acabe

— en caso de que acabe —

y otras manos te quiten los calzones

y en mañanas futuras

otros dedos revuelvan tus cabellos

y tú respires cerca de otro aliento

yo seguiré pensándolas

Cuando el amor acabe

y tus nalgas se olviden poco a poco

del furor de mi verga

y la muerte se anuncie en el paisaje

y el dolor de perderlas y el dolor

de estar vivo sin ellas

resulte insoportable

(y el dolor duela más

que todo el dolor junto

y el dolor junto más

que el dolor de perderlas)

yo seguiré pensándolas

Cuando acabe el amor

— quién sabe si se acabe

no sé si sea por siempre —

sin que importe el amor

o la falta de amor

— esa costumbre humana —

yo seguiré pensándolas

Seguiré, seguiré

14 marzo 2006

Cosa segura | Rodrigo Solís

olvídate de todo

báñate en olvido hasta quedar
limpia de recuerdos

conviértete en el árbol sabio
que se prepara para el invierno
vistiendo al viento con tus hojas

deja que se caigan de tí
tu casa, tus amigos y mi nombre

deja que tu historia
se convierta en agua
y te abandone

que te invada el ardor,
la sed, el vacío

como el arrecife que se vuelve arena
rómpete en mil partes hasta volverte semilla

como ciudades misteriosa
que de un bocado milenario
devora la selva
escóndete en la tierra

descúbrete amordazada
hueca

¡qué el recuerdo de tus muertos
se vaya en una bandada de mariposas negras!
¡que se te desdibuje el rostro
que se te desensamblen las piernas!
conviértete en prescencia
que vaga bajo los faroles
vacía, desnuda y sedienta

y encuéntrate así conmigo
igual de seco y de vacío
sin saber del color de tus ojos
sin acordarme ya de cuánto te necesito

cuántas veces tus manos de gorrión
se han posado en mis bosques
cuántas veces tus labios de huracán
han desbastado mis costas
qué palabras debo pronunciar para llamarte
qué cordilleras ocultas bajo la ropa

¿podremos amarnos así?
sin memoria
¿seremos capaces de encontrar
en el fondo de nuestros vacíos
el estanque de mercurio tibio
donde mejor se nos refleja el rostro?
¿encontraré en tu espalda
el mapa de lunares para volver a casa?

es cosa segura, amor

al encontrarnos de frente
sin secretos, sin mordazas o ataduras
nuestras hambres enardecidas
coquetas
se saludan.

07 marzo 2006

A estas horas aquí | Jaime Sabines

Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.
No tengo "hambre de amor", pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer, o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.
Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...

Este cielo de México es obscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
(Anoche, sin embargo, había llovido
y era fresco, amoroso, delgado.)
Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato
o le diría un cuento
que no dijera nada, pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.

Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.

La jaula que me cuente sus amores con el canario.
La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,
y la dulce luna de mi armario,
que me digan algo,
que me hablen en metáforas, como dicen que hablan,
este vino es amargo,
bajo la lengua tengo un escarabajo.

¡Qué bueno que se quedara mi cuarto
toda la noche solo,
hecho un tonto, mirando!

El obligado post de bienvenida

Ya no me acuerdo donde escuché la frase pero me pareció genial. De algún modo, sentía que era una forma un poco más corriente de quitarle a la poesía lo fresa, estirado, solemne; y dejar solamente líneas de palabras que expresaban lo que fuese, de un modo bien suave.
Era una categoría en mi blog, pero cuando me mudé a Wordpress ya no quise ponerla. Prefiero ponerla en un blog aparte, sin la "necesidad" de llegarle a un tipo de lector, sino de que, el que caiga aquí, sea por gusto propio.
Pásensela bien por acá, les encargo el changarro.